Thursday, August 03, 2006

Manifiesto vegetariano

Un espíritu alto como un abedul ha probado al amor
como turbación: ser delicado es fortaleza y carácter,
una dulzura no quebrada termina por destruir el horror.
Enrique Verástegui

Encontrar razón detrás de las sombras, encaminarse, tratar de atravesar la historia como por la noche, como si el hecho de pensar fuese una licencia poética, el de sembrar un arquetipo sobre el tablero y convertirlo en un fusil no convence más. La acción y el deshacer pertenecen al mundo de los vivos, aquel mundo homínido que puebla catedrales y palacios y que luego exige sangre y desdicha, no a la eternidad.
La desesperación del ser humano por gobernar este planeta, Merla, la hermosa joya sumeriana, al que fuimos arrojados para hacer florecer y fertilizar, ha convertido lo irreal en real. La luz que brota del alma, la vilipendiada, la inexistente, la que nadie verá por mucho tiempo, es sólo una excusa para someter a nuestros hermanos. El discurso y los medios de comunicación se han convertido en un puñal de manipulación. El tiempo se reproduce, se multiplica, se acaba. En nosotros radica la flor que espera derrocar el sin-sentido, la náusea, los rapaces que esperan nuestra carroña. El destino es ahora, no el mañana, no el pasado, no hay tiempo infinito, el tiempo gotea, se consume. El futuro ya lo viviste.
Nuestra función es el soñar el templo de la rosa, materializarlo, que las cenizas de la impostura, la codicia, la mentira, la indiferencia —valores ciertamente sagrados para algunas personas— sean el carbón que alumbre el templo del entendimiento.
Vida es una sola. Nuestros hermanos muertos por un cambio lo saben. Luchar contra una historiografía que se escribe y se rescribe es luchar como contra la náusea. Somos conejillos de indias dentro de una noria de pseudo-libertad.
La libertad —cisne apocalíptico— es vacuidad, su gobierno es la avaricia y la impotencia.
Toda sabiduría deserta los gobiernos, no forma parte de ellos.
Toda sabiduría no emplea el fuego.
Toda cognición, igual que la materia, no se destruye, sólo se transforma.
Las palabras son los mejores arcos y las flechas más hirientes.
Toda bondad, toda belleza, es sabiduría y por ende un compromiso.
Todo ser animal es vida y por antonomasia nuestro hermano.
El deseo por la carne genera violencia, muerte y destrucción.
El cambio, el mundo que orbita al nuestro, el luchar contra el destino, crea evolución. Las rebeliones inclementes crean delirio, fanatismo y dispersión.
El mundo puede tener un sentido ahora, regalemos una fruta y otra puede ser la historia.

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